24 de octubre de 2007

El buen combate

Dios es la fuente de toda razón y justicia, es quién nos dió la vida en el momento de nuestra concepción y es quién nos juzgará cuando debamos presentarnos ante El para rendir cuentas de nuestras acciones.

La vida terrenal por más atractiva y alegre que pueda resultar en los momentos de ocio, no es más que un microbio en comparación a la felicidad eterna que el cielo brinda a los hijos de la luz, es decir los bautizados por la Santa Iglesia Católica que han logrado cumplir los mandatos de Ntro. Señor Jesucristo hasta el martirio si fuese necesario.

Por ello no se debe nublar la conciencia con las tentaciones y atractivos que el maligno coloca en la senda de la vida, trampas que en apariencia poseen felicidad momentánea gratuita, pero que al poco tiempo muestran su verdadero rostro, provocar el distanciamiento entre el hombre y Dios.

"La Patria no es un moloch, es un ser de carne y sangre, de nuestra carne y de nuestra sangre" dijera Ramiro de Maeztu en su concepto de hispanidad, pensamiento que aglutinaba al imperio dónde jamás se ponía el sol entorno a un futuro común.

Solamente con el espíritu evangelizador y patriótico de la España Imperial se podía comprender esta afirmación, la cual iguala a un filipino con un peruano y un madrileño. Concepto de igualdad tradicional muy distinto al actual pensamiento universal y globalizante, puesto que no rompía las barreras políticas para mayor beneficio de unos pocos, sino que tendía puentes entre los estados para unir los proyectos y derramar el bien común equitativamente, sin afectar las individualidades e idiosincrasias de cada pueblo.

La Patria Católica es la amalgama perfecta, es intentar plasmar en la tierra el reino de los cielos, con sus lógicas imperfecciones por ser una creación humana, pero sin lugar a dudas el mejor sistema político-militar-social-económico-humano porque es el único que tiene por fin último a Dios y al bien común.

Esta cosmovisión es la que debe primar en las acciones diarias para librar el buen combate contra los hijos de la oscuridad.

El buen combate es la fuerza imperiosa que emana del corazón de los hombres con sano espíritu, pero que no tiene su raíz en la mundanería sino en Dios mismo, es El quién se manifiesta al hombre con la única verdad revelada, las Sagradas Escrituras (los mandatos divinos) y la Santa Iglesia Católica (el medio para interpretarlos y transmitirlos). Fuerza que motiva a dejar todo lo material por lo espiritual, impulso que logra el desapego del cuidado de la propia vida en pos de la vida de los pares y potencia que produce los más elevados actos de heroísmo.

No es el odio al enemigo el móvil del combatiente, sino el amor a Dios y la Patria, es el amor a un futuro de prosperidad, paz, armonía, crecimiento, respeto, sabiduría y órden. Por este amor se entrega la vida heróicamente alegre, por este amor se combate con justicia, por este amor se es magnánimo con el enemigo vencido, por este amor se muere.

Existen múltiples campos de batalla para librar el buen combate: los ámbitos educativos, las empresas, los entes gubernamentales, las Fuerzas Armadas y de Seguridad, las organizaciones intermendias, los medios de prensa, los movimientos políticos, etc.

El maligno busca dividir, partir y sectorizar porque allí radica su poderío, en la desunión de las sociedades. Cuando el hombre prioriza su propio proyecto con respecto al proyecto común, se convierte en liberal e individualista, y cuando denigra su objetivo personal en pos de un ideal comunitario, se hace comunista.

El perfecto equilibrio es el Nacionalismo Católico, el único pensamiento que aglutina a diferentes estratos sociales, culturales y económicos en un mancomunado objetivo para engrandecimiento de la Patria y mayor Gloria de Dios.

El combate entre los hijos de la luz y los seguidores de la oscuridad no es moderno, tiene su matriz en la caída al abismo de Lucifer y sus ejércitos arrojados por San Miguel Arcángel y la Milicia Celestial, es decir que desde el principio de los tiempos y hasta la Parusía se libra el buen combate. Esta es la única guerra religiosa verdadera, esta es la Cruzada eterna, esta es la defensa de Dios y de la Patria.

Solo los hijos de la luz se salvarán, solo quienes libren el buen combate y se mantengan firmes ante las adversidades tendrán el auxilio del Espíritu Santo, solo quienes entreguen hasta la última gota de sacrificio serán reconfortados en el Manto de la Santísima Virgen María.